En esta "historia" participamos todos, ¡¡¡ Y PUNTO !!!


Bienvenidos al blog de "The Fary Key". Ya sabeis todos cómo funciona un blog no?, pues olvidaros del tema porque vamos a cambiar un poco las normas.

Este blog es para esos novelistas que no han llegado a nada, no por falta de talento (o sí), sino por pereza. Un lugar de encuentro para cachondos mentales que sólo buscan crear algo propio, algo vivo.

Dos autores desarrollaremos la historia de "The Fary Key" alternativamente. Llegado un punto se dejará a todo aquel que se atreva, a sugerir cómo debería seguir la historia. Si escribes algo somos libres de utilizarlo, o borrarlo o lo que nos salga de las narices, que para eso somos los administradores y si no, te has equivocado de blog muchach@. Ahora, eso sí, ELEGIMOS NOSOTROS, la democracia para el gobierno, este es nuestro puto blog.

jueves, 16 de octubre de 2008

CAPÍTULO II (1) : DESAYUNO CON GUISANTES

4:37 am. Estaba agotado, sin embargo no podía dormir. Todo su cuerpo estaba en tensión, incluido su cerebro, que no descansaba ni un segundo dándole vueltas a todo lo que había pasado e intentando recordar algo antes de haber llegado hasta allí. Rappel se había largado a lo que había dicho era su habitación, y él todavía no se atrevía a pasear solo por el laberinto de pasillos que había tras la puerta, por lo que decidió tumbarse en el sofá de escai, que por otro lado, era el sofá más incómodo que había probado nunca. Desde su posición podía ver a Saturno (había decidido llamar así al gato después del incidente de la cena). Estaba cómodamente tumbado en un sillón que parecía mucho más cómodo que su sofá. Había pensado en cambiarle el sitio, pero el hecho de que todavía se relamiese los bigotes.... Decidió ceder por el momento.

- Saturno... Oye... Así, de gato devorador de hombres a tío acojonao... tú.... ¿Cómo dirías que se escribe escai?
- Lo sé, lo sé... es una gilipollez, no hace falta que me mires con esa cara chico, pero es que no consiguo dejar la mente en blanco caray, y a sí no hay modo de dormirse.
- Tampoco te pongas tan exquisito, que si estoy hablando con un gato ¿tampoco puedo estar muy bien de la cabeza no?
- Vale, lo siento, ya te dejo lamerte la sangre tranquilo...

Sobre una balda en la pared, justo enfrente de él, un reloj antiguo de madera le recordaba su insomnio. Era curioso, pensó, porque justo a la izquierda de esa misma balda había un reloj de pie de por lo menos dos metros y medio de alto. ¿Para qué haría falta tener dos relojes tan cerca el uno del otro?

- ¿Sabes?
- Estaba pensando.
- ¿Y si todo esto es una especie de venganza?
- Quiero decir... Recuerdo que en una ocasión me enamoré perdidamente de una chica que acababa de dejarlo con su novio unos meses antes, y a él no se le ocurrió otra cosa que apuntar mi número de móvil en no sé donde para que me llamaran personajes de distintas índoles...
- Lo sé, es muy deprimente que esas cosas pasen, pero.... ¿y si esto fuese lo mismo?
- Vale, sé que no es lo mismo, claro, porque además eso sólo duró unos días y pude echarme unas risas. Pero me refiero a que es posible que alguien esté cabreado conmigo por algún motivo y me esté haciendo esto para escarmentarme...
- ¡Y dime tú una cosa! ¿Qué mente enferma pone dos relojes juntos?, ¿a qué fin?. Si es que es norm......
- Qué curioso... ¿Te has fijado?. El reloj está en hora, pero el péndulo no se mueve.
- ¡Inspecciona Saturno! - Acompañó su exaltado grito con un gesto decidido, casi heroico, como si con el sólo movimiento de su dedo índice pudiese enviar a miles de soldados a la encarnizada batalla.

Saturno sin embargo se quedó en su cómodo sillón observando con detenimiento su dedo extendido en dirección al reloj de pie.

- ¡Ni lo pienses gato sádico!, - Guardó su dedo índice veloz como el viento
- Por encima de mi ca... - Un escalofrío le cortó el habla.
- Vamos, que NO.
- Ya voy yo, no se estropee usted su refinada manicura de gato PSICÓPATA.

Se equipó con sus armas más potentes - todavía conservaba los cubiertos de trinchar. Reunió todo el valor del que era capaz, y se levantó del sofá produciendo un desagradable ruido de plástico al despegar su cara del reposabrazos.

Rodillas flexionadas, espalda curvada, ojos entornados, casi felinos, pasos cortos pero decididos, en las manos, armas mortales, capaz de trinchar un pavo en un abrir y cerrar de ojos... ¡Mirada atrás!, cruce rápido de piernas, brazos en posición de ataque... Cuando por fin llegó al reloj se sentía absolutamente convencido de que ningún tipo de monstruo bicéfalo o similar se hubiese atrevido a atacarle, y sonrió satisfecho.

- Bien Saturno, informe de situación.
- Efectivamente el reloj está en hora, bueno, al menos lo está con este otro de la balda.
- Y efectivamente, el péndulo está parado - Saturno le miró con cara de decir, muy bien genio, Sherlock Holmes a tu lado un aficionado.
- Pero mira mira mira esto, tío listo. La puerta del péndulo no cierra del todo bien...

En ese momento ambos relojes marcaron las cinco de la mañana y los "gong" del reloj de pie le sobresaltaron de tal modo que dio un traspiés y cayó al suelo.

- ¿cómo...? ¿qué...?
- ¿Estás viendo eso Saturno?

Desde su nueva, y poco digna situación, podía ver una rendija en la tapa del péndulo, y a través de ella se veía algo.... raro, algo que no era capaz de distinguir algo parecido a... ¿un guisante?

lunes, 6 de octubre de 2008

CAPÍTULO I (5)

El estruendo de la tapadera al caer les sacó de su pasmo. Rappel temblaba de arriba abajo, la risa histérica había desaparecido junto con su apetito. Con la mirada clavada en los ojos de aquel pobre hombre, repetía en un susurro casi inaudible:

- Tengo que salir de aquí… esto es demasiado… no puedo más… tengo que salir de aquí… tengo que salir de… aquí… tengo que salir… no puedo… no… demasiado… es… demasiado…

- A ver, que no cunda el pánico, ¿seguro que es de verdad? Lo mismo es de atrezo, esto se parece demasiado a una especie de estudio o algo así, ¿no?

- Salir de aquí… salir de aquí… ¡¡¡tengo que salir de aquí!!! –gritó de pronto agarrándole el jersey.

- Ya, ya, ya te he oído, tranquilo, respira hondo –dijo soltándole las manos lentamente- esto debe ser una broma, de muy mal gusto pero una broma.

Y mientras repetía una y otra vez esas palabras en un intento por creérselas, acercó un dedo a la mejilla del postre.

- No sé, está frío...

- ¿¡¡Cómo quieres que esté!!? ¡¡¡Está muerto!!!

- Tiene que ser de plástico.

- ¿Tú crees?

- Vamos, si está claro, mira el color de la lengua, no he visto nunca una lengua de ese color, ni viva ni muerta.

- ¿Tú crees? –dijo Rappel algo más tranquilo- Pero… ¿quién puede ser tan retorcido?

- Bueno, retorcido es un modo educado de decirlo, sí –y se volvió buscando algo- pero seguro que si buscamos bien encontramos alguna cámara oculta.

- Sí, una cámara oculta –repitió como un autómata mientras empezaba a buscar.

Levantaron cada cuadro, cada mantel, cada silla, pero nada. De pronto un golpe sordo les hizo girarse hacia la mesa sobresaltados.

- Joder, ¿a dónde ha ido ahora? –La bandeja estaba vacía, y un rastro de guisantes desaparecía por detrás de la mesa.

- ¡¡¡Ay Virgen Santa!!! –para Rappel eso ya era demasiado, no pudo evitar echarse a llorar desconsoladamente- ¿por qué? ¿por qué? Si es por mi oficio prometo no volver a hacerlo, no más espiritismo, no más adivinación… ¡Lo juro!

- Déjalo ya, hombre… todo esto tiene que tener una explicación lógica -dijo poco convencido mientras se acercaba a la mesa. Se oía un extraño ruido por detrás de esta, algo se arrastraba al otro lado. Cogió los cubiertos de trinchar y se dispuso a saltar sobre lo que hubiera allí, y…- ¡Hijo de….!!! Puñetero bicho, vaya susto nos has dado. -El gato se relamía con una pata sobre la nariz de aquel pobre desgraciado.

- O no es de atrezo o el gato va a estar con indigestión una buena temporadita.

Fue entonces cuando lo escucharon claramente, una puerta abriéndose en el otro extremo del pasillo. Salieron corriendo en aquella dirección. La puerta de la habitación en la que se habían encontrado estaba abierta, y parecía que algo o alguien se movía dentro. Se lanzaron al interior pero cuando se encontraron frente al sillón de sky comprobaron que todo seguía exactamente como lo había dejado. Empezaron a buscar por todos lados, detrás de los muebles, de las cortinas…

- Joder, tiene que haber otra puerta, una trampilla o algo, habría jurado que había alguien…

- No te esfuerces, cielo –dijo Rappel derrumbándose en el sillón- es todos los días igual, voy a comer algo y a la vuelta está todo recién recogido, si entras al cuarto de baño verás las pastillitas de jabón sin desempaquetar, las toallas impecables, el rollo de papel higiénico sin estrenar… Alguien ha estado arreglando la habitación, pero se ha esfumado.

- Me estoy empezando a calentar, y cuando yo me caliento…

- Uy sí, una demostración de virilidad, cómo no se me había ocurrido antes…

- ¡No me toques los huevos! Yo no he pedido estar aquí, no entiendo nada y ya estoy hasta las narices de la bromita.

- Vale, yo ya he pasado esa fase –dijo levantándose cansinamente- cuando acabes de lamentarte y de dar puñetazos a las paredes, estaré en mi habitación, es la de ahí enfrente, estoy tan… -Se había quedado mudo, algo había atrapado toda su atención, y maldiciendo se agachó a mirar el backgamon- será posible… ¡me ha comido!

- ¿Qué te ha qué?

- Me ha comido, mira, me ha comido una ficha.

- Esto es demasiado, acaban de servirnos una cabeza para almorzar y tú pensando en jugar.

- Ya… tienes razón… supongo… Vale, si quieres cualquier cosa… Voy a descansar un poco… necesito pensar… me siento muy… alterado… necesito…

Y salió de la habitación susurrando incoherencias. Al otro lado de la puerta el gato le miraba perezoso, llevaba algo en la boca, se acercó y lo dejó a sus pies. Casi vomita cuando vio de qué se trataba, un ojo perfectamente esférico, con su iris verde y restos de lo que debía ser el nervio óptico. Lo retiró de una patada y salió corriendo al aseo. Se lavó la cara y las manos repetidamente, intentando quitarse de la cabeza esa imagen, intentando entender lo que estaba pasando… El gato lo miraba tranquilo, limpiándose los bigotes, satisfecho. Y aquella tonadilla que no dejaba de sonar.

Ay vaya torito, ay torito guapo, tiene botines, y no va descalzo.

jueves, 2 de octubre de 2008

CAPÍTULO I (4)

Durante más de quince minutos deambularon por laberínticos pasillos. Las paredes, pintadas de negro de arriba a abajo, no presentaban ningún tipo de decoración salvo unas pequeñas luces rectangulares distribuidas a lo largo de los mismos cada tres metros aproximadamente a modo de rodapié, de tal forma que parecía que caminasen por tenebrosos pasillos de cine. Sólo rompían esta monotonía unas enormes puertas metálicas con una barra horizontal de color rojo a modo de picaporte. Sobre cada una de estas puertas, unos carteles de letras negras sobre fondo blanco satinados indicaban lo que, al parecer, ocultaban detrás, “Piscina”, “Dormitorio”, etc…

- Oye Rappel…. ¿todas estas puertas…?

- Mucho me temo, compañero, que tendremos tiempo para explicaciones más adelante. Por favor, sígueme, creo que mi estómago ha empezado a devorarse a sí mismo.

- ¿Has visto el interior de todas estas habitaciones?


- Sí…, bueno, creo que sí… por lo menos todas las que están abiertas.

- Oye, lo que me fascina es la habilidad con la que te orientas por estos pasillos, ¿seguro que sabes dónde vamos?

- Sí… bueno, ya sabes… Después de haber pasado tanto tiempo solo por aquí… Al final uno se conoce cada esquina jajajaja

- Pensé que no sabías el tiempo que llevabas aquí

- Sí claro… y no lo sé, ejem… pero te puedo asegurar que más del que habría esperado… ¡Genial! Ya hemos llegado al comedor, por favor, pasa.

La puerta se abrió sin ningún tipo de chirrido escalofriante como habría cabido esperar dadas las circunstancias. Una suave presión sobre la barra roja bastó para que la puerta, sobre la que el cartel satinado rezaba “Comedor”, diera paso a un entorno radicalmente distinto. Una enorme mesa redonda, de lo que parecía caoba, presidía una habitación que, aunque daba la sensación de ser muy grande, quedaba casi por completo ocupada por ésta. En el techo una descomunal lámpara de araña de cristal iluminaba todo el comedor con una luz muy cálida y agradable. Sobre la mesa, un sinfín de bandejas plateadas a rebosar de multitud de alimentos, apenas dejaban entrever un elaboradísimo dibujo labrado en la madera.

- ¡Increíble!. ¡Qué cantidad de comida!


- Pues vete acostumbrando jajaja, porque todos los días aparece igual. Y eso no es nada, ya verás cuando ataquemos el mueble bar jajaja.

- Vaya, cualquiera diría que te gusta estar aquí. De cualquier modo, yo no pienso quedarme tanto tiempo como para acostumbrarme.

- Tampoco es eso hombre… pero oye, que me quiten lo bailado ¿no?, además, a buen tiempo buena cara, y no hay mal que mil años dure…

- Sí, sí, sí… y a quien madruga dios le ayuda vale, vale, lo pillo…

- Yo sólo quería d… ¡JO – DER!

Rappel sostenía en alto una de esas tapaderas ovaladas de bandeja, la típica que un tal Ambrosio sostendría con pulso firme en su enguantada mano derecha mientras con la otra expone con orgullo el manjar más exquisito. Sin embargo no era esta precisamente la imagen que ofrecía un Rappel tan pálido que había adquirido el mismo tono de la plateada tapadera, mientras con su mano derecha apenas se atrevía a señalar el contenido de la bandeja que acababa de descubrir. Sobre la impoluta bandeja “descansaba” una… cabeza humana, varón, caucasiano, 43 años aproximadamente, seguramente de pequeño quería ser astronauta y su perro se llamaba Boby. Los ojos, desmesuradamente abiertos y con la mirada fija en el techo, y una expresión que sin duda reflejaba un dolor desgarrador, daban sentido a las comillas. De su boca entreabierta colgaba la lengua, azul, azul muy intenso. Y en el cuello, o lo que quedaba de él, justo por debajo de una barba muy bien arreglada, asomaba lo que parecía un tatuaje, o para ser más exactos, parte de un tatuaje, el resto debía seguir allí donde estuviese el resto del cuerpo. Por si todo esto no fuese suficientemente escabroso, quien, o lo que hubiese cercenado la cabeza a aquel pobre desgraciado, no lo había hecho con demasiado estilo. Carne desgarrada, músculos y tendones deshilachados, sangre en abundancia, e incluso trozos de huesos formaban la cama de tan suculenta ensalada.

- No, si completito sí es el buffet, sí.