El chirrido de la portezuela al abrirse le hizo estremecerse. Un montoncito de guisantes se desparramó sobre la moqueta dando un susto de muerte a Saturno, que se encaramó a la espalda de nuestro heroe clavándole las uñas sin ningún pudor
- ¡Gato del demonio! Baja de ahí joder, eso duele– a lo que el animal respondió agazapándose sobre el mueble bar- Manda narices el bicho....
Pero el golpe sordo de algo detrás suyo le hizo girar sobresaltado.
- Esto es la leche... ¿ves eso Saturno? ¿es lo que creo que es?– a lo que el gato respondió relamiendose- no seas desagradable, ¿no sabes que existe el pienso? –pero no podía apartar la vista de aquello.
Sin pararse un momento a pensar cogió al gato bajo el brazo y salió corriendo por el pasillo llamando a voces a Rapell. Irrumpió en la habitación sin más miramientos, sobresaltando al adivino que se había quedado dormido con un bote de barbitúricos en la mano.
- Tienes que ver esto
- He tenido un sueño horroroso y de pésimo gusto
- Te digo que tienes que venir a ver esto
- Dime que no es otra cabeza
- No, es.... otro.... –se sintió incapaz de continuar- ven a verlo, joder.
- Me niego, yo ya he tenido bastante por hoy, no pienso enfrentarme a más casquería con el estómago vacío
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Al fin y al cabo sólo es atrezzo, ¿recuerdas?
- No me lo dices en serio. Te digo que tienes que ver esto.
- No, no y no. Llevo aquí más tiempo del que me gustaría y no sé ni cómo he llegado, ni por qué, ni cómo salir de aquí. El único lado positivo que le encuentro es la comida, que es excelente, y...
- ¿Qué es eso? –le interrumpió señalando el bote de barbitúricos que había sobre la cama.
- Pastillas, ¿algún problema?
- Vaya, te tienen bien atendido, ¿no?
- Uy sí, no me falta de nada, ni siquiera fiambres descuartizados, no sé cómo no me siento el hombre más feliz de la tierra.
- En serio, ¿de dónde las sacas?
- Del aseo
- ¿Del aseo?
- Sí, del armarito que hay en el aseo
- ¿Del armarito....
- ¿Vas a repetir todo lo que diga? –dijo impacientándose- porque de verdad que tengo un hambre de mil demonios, y este juego me aburre horrores.
- Sí, claro, pero es que en la salita hay un brazo escondido en un reloj de péndulo, y me gustaría que le echaras un vistazo.
- ¿Un brazo?
- Sí
- ¿Sólo un brazo?
- Sí
- Vale, vamos, pero antes... -entró en el aseo y salió con una toalla doblada- listo, vamos allá.
- ¿Para qué necesitas eso?
- ¿No dices que hay un brazo? Pues habrá que sacarlo de ahí antes de que todo apeste, ¿no crees?
- Pero... tú estás mal
- ¿¿¿El señor tiene alguna sujerencia mejor??? Porque si no es así será mejor que se calle y me acompañe, tenemos una cabeza en el comedor, un brazo en la sala, y un congelador en el bar, así que sólo se me ocurre una cosa que hacer si queremos seguir viviendo con un mínimo de dignidad.
Con paso firme se dirigió hacia el reloj de péndulo y con delicadeza cogió la maltrecha extremidad y la envolvió cuidadosamente en la toalla, tras lo cual se incorporó y emprendió camino hacia el comedor, ante la mirada atónita de...
- Por cierto –dijo parando en seco- ¿cómo te llamas?
- ¿Yo? –balbuceó atónito
- No, el gato... pues claro que tú, cielo, llevamos ya unas cuantas horas juntos y no sé ni cómo llamarte.
- Héctor, me llamo Héctor
- Uis, ¿como el de la Ilíada? qué morbazo –dijo con una sonrisa picaruela- Muy bien Héctor, es hora de almorzar, creo... ¿tienes hora?
- Las cinco y media pasadas.
- ¿De la tarde?
- No
- Vaya, en mi vida he desayunado tan temprano.... Supongo que nunca es tarde –y reemprendió la marcha con paso decidido.
- Coge otra toalla para la cabeza
- ¿Qué?
- Chico, qué agilidad. Que-co-jas-o-tra-to-a-lla-pa-ra-en-vol-ver-la-ca-be-za.
- Hay que joderse –murmuró mientras se encaminaba al aseo- espero que me presente a su camello antes de salir de aquí.
- ¿Ya la tienes? Pues vamos. Primero lo guardamos en el congelador y luego desayunamos.... espero que esté todo preparado
- ¿Crees que seguirá ahí?
- ¿El qué?
- Ya sabes... la cabeza.
- Ahora mismo lo vamos a saber– dijo abriendo la puerta del comedor y acercándose a la mesa- Ajá, aquí está... no tiene buen aspecto.
- ¿No? Vaya, pues no puedo entender a qué puede ser debido...
- Ea, menos cachondeo y un poco de acción, sujeta esto- dijo tendiéndole el brazo empaquetado.
Con ademanes seguros envolvío la asombrada cabeza en la toalla elegida al efecto y se dirigió sin perder un segundo al congelador del bar donde, tras sacar media docena de botellines de cerveza, procedió a introducir los dos paquetes. Luego volvió a colocar las cervezas cuidadosamente y cerró con gesto triunfal.
- Pues listo, ¡a desayunar!
- Pero...
- Vale, si quieres revisarlo quedate, yo voy a desayunar.... ¿Te gustan los huevos revueltos? Yo no sé empezar el día sin huevos, es un hecho, si me quitas los huevos matutinos no soy nadie- dijo guiñándole un ojo mientras se servía un auténtico banquete.
- No entiendo cómo puedes tener hambre....
- Ya... Y bien, ¿tienes alguna idea de cómo has llegado hasta aquí?
- Apenas recuerdo nada... Y tú?
- Yo recuerdo que estaba en la fiesta de aniversario de una amiga, tiene un loft diviiiiiiiiiiiino cerca del Retiro, y recuerdo que bebimos más de la cuenta... y entonces llegó aquel imitador del Fary, la verdad es que lo hacía muy bien, y.....
- ¿Y?
- Y luego desperté aquí, y llevo aquí mucho más tiempo del que me gustaría, y aunque no me disgusta la decoración ni la dieta, esta repentina afición por el despiece no me atrae lo más mínimo, sea o no sea atrezzo.- Y procedió a engullir sus huevos revueltos dando por finiquitada su explicación- ¿Y tú?
- ¿Yo?.... No sé.... Es todo tan confuso.... Había quedado a comer con mi exmujer... Bueno, todavía no es mi exmujer, y si de mi depende va a tardar en serlo la muy zorra.
- Bueno, bueno, ya profundizaremos en ese rencor en otro momento, enfoca guapo, ¿qué pasó en esa comida?
- Pues... estábamos discutiendo el convenio, no sé...
- Pero ¿qué hicisteis después?
- Pues... nada
- ¿Nada?
- Sólo recuerdo que de pronto empezó todo a darme vueltas, y la ví a ella, mi ex, sobre una bandeja con una manzana entre los dientes... Es todo tan confuso...
- ¿Pero qué coño bebiste?
- Pues poca cosa, una copa de vino.
- Si recuerdas la marca no dejes de apuntarmela, por Dios.... ¿y qué hiciste después? ¿La trinchaste?
- No recuerdo nada más, luego aparecí aquí, y el resto ya lo sabes.
En esta "historia" participamos todos, ¡¡¡ Y PUNTO !!!
Bienvenidos al blog de "The Fary Key". Ya sabeis todos cómo funciona un blog no?, pues olvidaros del tema porque vamos a cambiar un poco las normas.
Este blog es para esos novelistas que no han llegado a nada, no por falta de talento (o sí), sino por pereza. Un lugar de encuentro para cachondos mentales que sólo buscan crear algo propio, algo vivo.
Dos autores desarrollaremos la historia de "The Fary Key" alternativamente. Llegado un punto se dejará a todo aquel que se atreva, a sugerir cómo debería seguir la historia. Si escribes algo somos libres de utilizarlo, o borrarlo o lo que nos salga de las narices, que para eso somos los administradores y si no, te has equivocado de blog muchach@. Ahora, eso sí, ELEGIMOS NOSOTROS, la democracia para el gobierno, este es nuestro puto blog.
miércoles, 11 de febrero de 2009
jueves, 16 de octubre de 2008
CAPÍTULO II (1) : DESAYUNO CON GUISANTES
4:37 am. Estaba agotado, sin embargo no podía dormir. Todo su cuerpo estaba en tensión, incluido su cerebro, que no descansaba ni un segundo dándole vueltas a todo lo que había pasado e intentando recordar algo antes de haber llegado hasta allí. Rappel se había largado a lo que había dicho era su habitación, y él todavía no se atrevía a pasear solo por el laberinto de pasillos que había tras la puerta, por lo que decidió tumbarse en el sofá de escai, que por otro lado, era el sofá más incómodo que había probado nunca. Desde su posición podía ver a Saturno (había decidido llamar así al gato después del incidente de la cena). Estaba cómodamente tumbado en un sillón que parecía mucho más cómodo que su sofá. Había pensado en cambiarle el sitio, pero el hecho de que todavía se relamiese los bigotes.... Decidió ceder por el momento.
- Saturno... Oye... Así, de gato devorador de hombres a tío acojonao... tú.... ¿Cómo dirías que se escribe escai?
- Lo sé, lo sé... es una gilipollez, no hace falta que me mires con esa cara chico, pero es que no consiguo dejar la mente en blanco caray, y a sí no hay modo de dormirse.
- Tampoco te pongas tan exquisito, que si estoy hablando con un gato ¿tampoco puedo estar muy bien de la cabeza no?
- Vale, lo siento, ya te dejo lamerte la sangre tranquilo...
Sobre una balda en la pared, justo enfrente de él, un reloj antiguo de madera le recordaba su insomnio. Era curioso, pensó, porque justo a la izquierda de esa misma balda había un reloj de pie de por lo menos dos metros y medio de alto. ¿Para qué haría falta tener dos relojes tan cerca el uno del otro?
- ¿Sabes?
- Estaba pensando.
- ¿Y si todo esto es una especie de venganza?
- Quiero decir... Recuerdo que en una ocasión me enamoré perdidamente de una chica que acababa de dejarlo con su novio unos meses antes, y a él no se le ocurrió otra cosa que apuntar mi número de móvil en no sé donde para que me llamaran personajes de distintas índoles...
- Lo sé, es muy deprimente que esas cosas pasen, pero.... ¿y si esto fuese lo mismo?
- Vale, sé que no es lo mismo, claro, porque además eso sólo duró unos días y pude echarme unas risas. Pero me refiero a que es posible que alguien esté cabreado conmigo por algún motivo y me esté haciendo esto para escarmentarme...
- ¡Y dime tú una cosa! ¿Qué mente enferma pone dos relojes juntos?, ¿a qué fin?. Si es que es norm......
- Qué curioso... ¿Te has fijado?. El reloj está en hora, pero el péndulo no se mueve.
- ¡Inspecciona Saturno! - Acompañó su exaltado grito con un gesto decidido, casi heroico, como si con el sólo movimiento de su dedo índice pudiese enviar a miles de soldados a la encarnizada batalla.
Saturno sin embargo se quedó en su cómodo sillón observando con detenimiento su dedo extendido en dirección al reloj de pie.
- ¡Ni lo pienses gato sádico!, - Guardó su dedo índice veloz como el viento
- Por encima de mi ca... - Un escalofrío le cortó el habla.
- Vamos, que NO.
- Ya voy yo, no se estropee usted su refinada manicura de gato PSICÓPATA.
Se equipó con sus armas más potentes - todavía conservaba los cubiertos de trinchar. Reunió todo el valor del que era capaz, y se levantó del sofá produciendo un desagradable ruido de plástico al despegar su cara del reposabrazos.
Rodillas flexionadas, espalda curvada, ojos entornados, casi felinos, pasos cortos pero decididos, en las manos, armas mortales, capaz de trinchar un pavo en un abrir y cerrar de ojos... ¡Mirada atrás!, cruce rápido de piernas, brazos en posición de ataque... Cuando por fin llegó al reloj se sentía absolutamente convencido de que ningún tipo de monstruo bicéfalo o similar se hubiese atrevido a atacarle, y sonrió satisfecho.
- Bien Saturno, informe de situación.
- Efectivamente el reloj está en hora, bueno, al menos lo está con este otro de la balda.
- Y efectivamente, el péndulo está parado - Saturno le miró con cara de decir, muy bien genio, Sherlock Holmes a tu lado un aficionado.
- Pero mira mira mira esto, tío listo. La puerta del péndulo no cierra del todo bien...
En ese momento ambos relojes marcaron las cinco de la mañana y los "gong" del reloj de pie le sobresaltaron de tal modo que dio un traspiés y cayó al suelo.
- ¿cómo...? ¿qué...?
- ¿Estás viendo eso Saturno?
Desde su nueva, y poco digna situación, podía ver una rendija en la tapa del péndulo, y a través de ella se veía algo.... raro, algo que no era capaz de distinguir algo parecido a... ¿un guisante?
- Saturno... Oye... Así, de gato devorador de hombres a tío acojonao... tú.... ¿Cómo dirías que se escribe escai?
- Lo sé, lo sé... es una gilipollez, no hace falta que me mires con esa cara chico, pero es que no consiguo dejar la mente en blanco caray, y a sí no hay modo de dormirse.
- Tampoco te pongas tan exquisito, que si estoy hablando con un gato ¿tampoco puedo estar muy bien de la cabeza no?
- Vale, lo siento, ya te dejo lamerte la sangre tranquilo...
Sobre una balda en la pared, justo enfrente de él, un reloj antiguo de madera le recordaba su insomnio. Era curioso, pensó, porque justo a la izquierda de esa misma balda había un reloj de pie de por lo menos dos metros y medio de alto. ¿Para qué haría falta tener dos relojes tan cerca el uno del otro?
- ¿Sabes?
- Estaba pensando.
- ¿Y si todo esto es una especie de venganza?
- Quiero decir... Recuerdo que en una ocasión me enamoré perdidamente de una chica que acababa de dejarlo con su novio unos meses antes, y a él no se le ocurrió otra cosa que apuntar mi número de móvil en no sé donde para que me llamaran personajes de distintas índoles...
- Lo sé, es muy deprimente que esas cosas pasen, pero.... ¿y si esto fuese lo mismo?
- Vale, sé que no es lo mismo, claro, porque además eso sólo duró unos días y pude echarme unas risas. Pero me refiero a que es posible que alguien esté cabreado conmigo por algún motivo y me esté haciendo esto para escarmentarme...
- ¡Y dime tú una cosa! ¿Qué mente enferma pone dos relojes juntos?, ¿a qué fin?. Si es que es norm......
- Qué curioso... ¿Te has fijado?. El reloj está en hora, pero el péndulo no se mueve.
- ¡Inspecciona Saturno! - Acompañó su exaltado grito con un gesto decidido, casi heroico, como si con el sólo movimiento de su dedo índice pudiese enviar a miles de soldados a la encarnizada batalla.
Saturno sin embargo se quedó en su cómodo sillón observando con detenimiento su dedo extendido en dirección al reloj de pie.
- ¡Ni lo pienses gato sádico!, - Guardó su dedo índice veloz como el viento
- Por encima de mi ca... - Un escalofrío le cortó el habla.
- Vamos, que NO.
- Ya voy yo, no se estropee usted su refinada manicura de gato PSICÓPATA.
Se equipó con sus armas más potentes - todavía conservaba los cubiertos de trinchar. Reunió todo el valor del que era capaz, y se levantó del sofá produciendo un desagradable ruido de plástico al despegar su cara del reposabrazos.
Rodillas flexionadas, espalda curvada, ojos entornados, casi felinos, pasos cortos pero decididos, en las manos, armas mortales, capaz de trinchar un pavo en un abrir y cerrar de ojos... ¡Mirada atrás!, cruce rápido de piernas, brazos en posición de ataque... Cuando por fin llegó al reloj se sentía absolutamente convencido de que ningún tipo de monstruo bicéfalo o similar se hubiese atrevido a atacarle, y sonrió satisfecho.
- Bien Saturno, informe de situación.
- Efectivamente el reloj está en hora, bueno, al menos lo está con este otro de la balda.
- Y efectivamente, el péndulo está parado - Saturno le miró con cara de decir, muy bien genio, Sherlock Holmes a tu lado un aficionado.
- Pero mira mira mira esto, tío listo. La puerta del péndulo no cierra del todo bien...
En ese momento ambos relojes marcaron las cinco de la mañana y los "gong" del reloj de pie le sobresaltaron de tal modo que dio un traspiés y cayó al suelo.
- ¿cómo...? ¿qué...?
- ¿Estás viendo eso Saturno?
Desde su nueva, y poco digna situación, podía ver una rendija en la tapa del péndulo, y a través de ella se veía algo.... raro, algo que no era capaz de distinguir algo parecido a... ¿un guisante?
lunes, 6 de octubre de 2008
CAPÍTULO I (5)
El estruendo de la tapadera al caer les sacó de su pasmo. Rappel temblaba de arriba abajo, la risa histérica había desaparecido junto con su apetito. Con la mirada clavada en los ojos de aquel pobre hombre, repetía en un susurro casi inaudible:
- Tengo que salir de aquí… esto es demasiado… no puedo más… tengo que salir de aquí… tengo que salir de… aquí… tengo que salir… no puedo… no… demasiado… es… demasiado…
- Tengo que salir de aquí… esto es demasiado… no puedo más… tengo que salir de aquí… tengo que salir de… aquí… tengo que salir… no puedo… no… demasiado… es… demasiado…
- A ver, que no cunda el pánico, ¿seguro que es de verdad? Lo mismo es de atrezo, esto se parece demasiado a una especie de estudio o algo así, ¿no?
- Salir de aquí… salir de aquí… ¡¡¡tengo que salir de aquí!!! –gritó de pronto agarrándole el jersey.
- Ya, ya, ya te he oído, tranquilo, respira hondo –dijo soltándole las manos lentamente- esto debe ser una broma, de muy mal gusto pero una broma.
Y mientras repetía una y otra vez esas palabras en un intento por creérselas, acercó un dedo a la mejilla del postre.
- No sé, está frío...
- ¿¡¡Cómo quieres que esté!!? ¡¡¡Está muerto!!!
- Tiene que ser de plástico.
- ¿Tú crees?
- Vamos, si está claro, mira el color de la lengua, no he visto nunca una lengua de ese color, ni viva ni muerta.
- ¿Tú crees? –dijo Rappel algo más tranquilo- Pero… ¿quién puede ser tan retorcido?
- Bueno, retorcido es un modo educado de decirlo, sí –y se volvió buscando algo- pero seguro que si buscamos bien encontramos alguna cámara oculta.
- Sí, una cámara oculta –repitió como un autómata mientras empezaba a buscar.
Levantaron cada cuadro, cada mantel, cada silla, pero nada. De pronto un golpe sordo les hizo girarse hacia la mesa sobresaltados.
- Joder, ¿a dónde ha ido ahora? –La bandeja estaba vacía, y un rastro de guisantes desaparecía por detrás de la mesa.
- ¡¡¡Ay Virgen Santa!!! –para Rappel eso ya era demasiado, no pudo evitar echarse a llorar desconsoladamente- ¿por qué? ¿por qué? Si es por mi oficio prometo no volver a hacerlo, no más espiritismo, no más adivinación… ¡Lo juro!
- Déjalo ya, hombre… todo esto tiene que tener una explicación lógica -dijo poco convencido mientras se acercaba a la mesa. Se oía un extraño ruido por detrás de esta, algo se arrastraba al otro lado. Cogió los cubiertos de trinchar y se dispuso a saltar sobre lo que hubiera allí, y…- ¡Hijo de….!!! Puñetero bicho, vaya susto nos has dado. -El gato se relamía con una pata sobre la nariz de aquel pobre desgraciado.
- O no es de atrezo o el gato va a estar con indigestión una buena temporadita.
Fue entonces cuando lo escucharon claramente, una puerta abriéndose en el otro extremo del pasillo. Salieron corriendo en aquella dirección. La puerta de la habitación en la que se habían encontrado estaba abierta, y parecía que algo o alguien se movía dentro. Se lanzaron al interior pero cuando se encontraron frente al sillón de sky comprobaron que todo seguía exactamente como lo había dejado. Empezaron a buscar por todos lados, detrás de los muebles, de las cortinas…
- Joder, tiene que haber otra puerta, una trampilla o algo, habría jurado que había alguien…
- No te esfuerces, cielo –dijo Rappel derrumbándose en el sillón- es todos los días igual, voy a comer algo y a la vuelta está todo recién recogido, si entras al cuarto de baño verás las pastillitas de jabón sin desempaquetar, las toallas impecables, el rollo de papel higiénico sin estrenar… Alguien ha estado arreglando la habitación, pero se ha esfumado.
- Me estoy empezando a calentar, y cuando yo me caliento…
- Uy sí, una demostración de virilidad, cómo no se me había ocurrido antes…
- ¡No me toques los huevos! Yo no he pedido estar aquí, no entiendo nada y ya estoy hasta las narices de la bromita.
- Vale, yo ya he pasado esa fase –dijo levantándose cansinamente- cuando acabes de lamentarte y de dar puñetazos a las paredes, estaré en mi habitación, es la de ahí enfrente, estoy tan… -Se había quedado mudo, algo había atrapado toda su atención, y maldiciendo se agachó a mirar el backgamon- será posible… ¡me ha comido!
- ¿Qué te ha qué?
- Me ha comido, mira, me ha comido una ficha.
- Esto es demasiado, acaban de servirnos una cabeza para almorzar y tú pensando en jugar.
- Ya… tienes razón… supongo… Vale, si quieres cualquier cosa… Voy a descansar un poco… necesito pensar… me siento muy… alterado… necesito…
Y salió de la habitación susurrando incoherencias. Al otro lado de la puerta el gato le miraba perezoso, llevaba algo en la boca, se acercó y lo dejó a sus pies. Casi vomita cuando vio de qué se trataba, un ojo perfectamente esférico, con su iris verde y restos de lo que debía ser el nervio óptico. Lo retiró de una patada y salió corriendo al aseo. Se lavó la cara y las manos repetidamente, intentando quitarse de la cabeza esa imagen, intentando entender lo que estaba pasando… El gato lo miraba tranquilo, limpiándose los bigotes, satisfecho. Y aquella tonadilla que no dejaba de sonar.
Ay vaya torito, ay torito guapo, tiene botines, y no va descalzo.
jueves, 2 de octubre de 2008
CAPÍTULO I (4)
Durante más de quince minutos deambularon por laberínticos pasillos. Las paredes, pintadas de negro de arriba a abajo, no presentaban ningún tipo de decoración salvo unas pequeñas luces rectangulares distribuidas a lo largo de los mismos cada tres metros aproximadamente a modo de rodapié, de tal forma que parecía que caminasen por tenebrosos pasillos de cine. Sólo rompían esta monotonía unas enormes puertas metálicas con una barra horizontal de color rojo a modo de picaporte. Sobre cada una de estas puertas, unos carteles de letras negras sobre fondo blanco satinados indicaban lo que, al parecer, ocultaban detrás, “Piscina”, “Dormitorio”, etc…
- Oye Rappel…. ¿todas estas puertas…?
- Mucho me temo, compañero, que tendremos tiempo para explicaciones más adelante. Por favor, sígueme, creo que mi estómago ha empezado a devorarse a sí mismo.
- ¿Has visto el interior de todas estas habitaciones?
- Sí…, bueno, creo que sí… por lo menos todas las que están abiertas.
- Oye, lo que me fascina es la habilidad con la que te orientas por estos pasillos, ¿seguro que sabes dónde vamos?
- Sí… bueno, ya sabes… Después de haber pasado tanto tiempo solo por aquí… Al final uno se conoce cada esquina jajajaja
- Pensé que no sabías el tiempo que llevabas aquí
- Sí claro… y no lo sé, ejem… pero te puedo asegurar que más del que habría esperado… ¡Genial! Ya hemos llegado al comedor, por favor, pasa.
La puerta se abrió sin ningún tipo de chirrido escalofriante como habría cabido esperar dadas las circunstancias. Una suave presión sobre la barra roja bastó para que la puerta, sobre la que el cartel satinado rezaba “Comedor”, diera paso a un entorno radicalmente distinto. Una enorme mesa redonda, de lo que parecía caoba, presidía una habitación que, aunque daba la sensación de ser muy grande, quedaba casi por completo ocupada por ésta. En el techo una descomunal lámpara de araña de cristal iluminaba todo el comedor con una luz muy cálida y agradable. Sobre la mesa, un sinfín de bandejas plateadas a rebosar de multitud de alimentos, apenas dejaban entrever un elaboradísimo dibujo labrado en la madera.
- ¡Increíble!. ¡Qué cantidad de comida!
- Pues vete acostumbrando jajaja, porque todos los días aparece igual. Y eso no es nada, ya verás cuando ataquemos el mueble bar jajaja.
- Vaya, cualquiera diría que te gusta estar aquí. De cualquier modo, yo no pienso quedarme tanto tiempo como para acostumbrarme.
- Tampoco es eso hombre… pero oye, que me quiten lo bailado ¿no?, además, a buen tiempo buena cara, y no hay mal que mil años dure…
- Sí, sí, sí… y a quien madruga dios le ayuda vale, vale, lo pillo…
- Yo sólo quería d… ¡JO – DER!
Rappel sostenía en alto una de esas tapaderas ovaladas de bandeja, la típica que un tal Ambrosio sostendría con pulso firme en su enguantada mano derecha mientras con la otra expone con orgullo el manjar más exquisito. Sin embargo no era esta precisamente la imagen que ofrecía un Rappel tan pálido que había adquirido el mismo tono de la plateada tapadera, mientras con su mano derecha apenas se atrevía a señalar el contenido de la bandeja que acababa de descubrir. Sobre la impoluta bandeja “descansaba” una… cabeza humana, varón, caucasiano, 43 años aproximadamente, seguramente de pequeño quería ser astronauta y su perro se llamaba Boby. Los ojos, desmesuradamente abiertos y con la mirada fija en el techo, y una expresión que sin duda reflejaba un dolor desgarrador, daban sentido a las comillas. De su boca entreabierta colgaba la lengua, azul, azul muy intenso. Y en el cuello, o lo que quedaba de él, justo por debajo de una barba muy bien arreglada, asomaba lo que parecía un tatuaje, o para ser más exactos, parte de un tatuaje, el resto debía seguir allí donde estuviese el resto del cuerpo. Por si todo esto no fuese suficientemente escabroso, quien, o lo que hubiese cercenado la cabeza a aquel pobre desgraciado, no lo había hecho con demasiado estilo. Carne desgarrada, músculos y tendones deshilachados, sangre en abundancia, e incluso trozos de huesos formaban la cama de tan suculenta ensalada.
- No, si completito sí es el buffet, sí.
- Oye Rappel…. ¿todas estas puertas…?
- Mucho me temo, compañero, que tendremos tiempo para explicaciones más adelante. Por favor, sígueme, creo que mi estómago ha empezado a devorarse a sí mismo.
- ¿Has visto el interior de todas estas habitaciones?
- Sí…, bueno, creo que sí… por lo menos todas las que están abiertas.
- Oye, lo que me fascina es la habilidad con la que te orientas por estos pasillos, ¿seguro que sabes dónde vamos?
- Sí… bueno, ya sabes… Después de haber pasado tanto tiempo solo por aquí… Al final uno se conoce cada esquina jajajaja
- Pensé que no sabías el tiempo que llevabas aquí
- Sí claro… y no lo sé, ejem… pero te puedo asegurar que más del que habría esperado… ¡Genial! Ya hemos llegado al comedor, por favor, pasa.
La puerta se abrió sin ningún tipo de chirrido escalofriante como habría cabido esperar dadas las circunstancias. Una suave presión sobre la barra roja bastó para que la puerta, sobre la que el cartel satinado rezaba “Comedor”, diera paso a un entorno radicalmente distinto. Una enorme mesa redonda, de lo que parecía caoba, presidía una habitación que, aunque daba la sensación de ser muy grande, quedaba casi por completo ocupada por ésta. En el techo una descomunal lámpara de araña de cristal iluminaba todo el comedor con una luz muy cálida y agradable. Sobre la mesa, un sinfín de bandejas plateadas a rebosar de multitud de alimentos, apenas dejaban entrever un elaboradísimo dibujo labrado en la madera.
- ¡Increíble!. ¡Qué cantidad de comida!
- Pues vete acostumbrando jajaja, porque todos los días aparece igual. Y eso no es nada, ya verás cuando ataquemos el mueble bar jajaja.
- Vaya, cualquiera diría que te gusta estar aquí. De cualquier modo, yo no pienso quedarme tanto tiempo como para acostumbrarme.
- Tampoco es eso hombre… pero oye, que me quiten lo bailado ¿no?, además, a buen tiempo buena cara, y no hay mal que mil años dure…
- Sí, sí, sí… y a quien madruga dios le ayuda vale, vale, lo pillo…
- Yo sólo quería d… ¡JO – DER!
Rappel sostenía en alto una de esas tapaderas ovaladas de bandeja, la típica que un tal Ambrosio sostendría con pulso firme en su enguantada mano derecha mientras con la otra expone con orgullo el manjar más exquisito. Sin embargo no era esta precisamente la imagen que ofrecía un Rappel tan pálido que había adquirido el mismo tono de la plateada tapadera, mientras con su mano derecha apenas se atrevía a señalar el contenido de la bandeja que acababa de descubrir. Sobre la impoluta bandeja “descansaba” una… cabeza humana, varón, caucasiano, 43 años aproximadamente, seguramente de pequeño quería ser astronauta y su perro se llamaba Boby. Los ojos, desmesuradamente abiertos y con la mirada fija en el techo, y una expresión que sin duda reflejaba un dolor desgarrador, daban sentido a las comillas. De su boca entreabierta colgaba la lengua, azul, azul muy intenso. Y en el cuello, o lo que quedaba de él, justo por debajo de una barba muy bien arreglada, asomaba lo que parecía un tatuaje, o para ser más exactos, parte de un tatuaje, el resto debía seguir allí donde estuviese el resto del cuerpo. Por si todo esto no fuese suficientemente escabroso, quien, o lo que hubiese cercenado la cabeza a aquel pobre desgraciado, no lo había hecho con demasiado estilo. Carne desgarrada, músculos y tendones deshilachados, sangre en abundancia, e incluso trozos de huesos formaban la cama de tan suculenta ensalada.
- No, si completito sí es el buffet, sí.
jueves, 25 de septiembre de 2008
The Fary Key for Dummys: Cómo participar y no morir en el intento
GRACIAS. No no no no, en serio, gracias Artemisa. He recibido varias "quejas" al respecto, algunas como ya sabéis, por esta vía, otras sin embargo, me han llegado por medios menos decorosos para la dignidad de un blogero (siempre quise decir esto).
Es por este motivo que hemos decidido abrir una entrada especial. Y lo primero es decir que por fin alguien da en el clavo. Sí Artemisa, esa es una de las formas en las que se puede colaborar en la historia. En realidad, y como ya creo que hemos dejado claro, este es el blog de la anarquía, cada cual puede colaborar como quiera o en la medida que pueda, es decir, aportando ideas o sugerencias, como ha hecho Artemisa, redactando fragmentos cortos, o incluso redactando relatos más largos, o qué diablos, de cualquier forma que se os pueda ocurrir!
Lo sé, lo sé, soy muy repetitivo, pero no quieremos malentendidos, después haremos lo que nos de la gana con todo esto (debo confesar que es Evu a la que hay que hacer la pelota), así que nadie se nos ponga reinona solicitando atenciones.
Un saludo a todos y todas
Es por este motivo que hemos decidido abrir una entrada especial. Y lo primero es decir que por fin alguien da en el clavo. Sí Artemisa, esa es una de las formas en las que se puede colaborar en la historia. En realidad, y como ya creo que hemos dejado claro, este es el blog de la anarquía, cada cual puede colaborar como quiera o en la medida que pueda, es decir, aportando ideas o sugerencias, como ha hecho Artemisa, redactando fragmentos cortos, o incluso redactando relatos más largos, o qué diablos, de cualquier forma que se os pueda ocurrir!
Lo sé, lo sé, soy muy repetitivo, pero no quieremos malentendidos, después haremos lo que nos de la gana con todo esto (debo confesar que es Evu a la que hay que hacer la pelota), así que nadie se nos ponga reinona solicitando atenciones.
Un saludo a todos y todas
martes, 23 de septiembre de 2008
CAPÍTULO I (3)
- Pues… qué bien –dijo mirando el artilugio- ¿Y qué es este sitio?
- ¿Cómo?
- ¿Que dónde estoy? ¿qué hago aquí? Y, sobre todo, ¿dónde está la salida?
De pronto Rappel palideció, algo en su gesto le hizo presagiar malas noticias.
- ¿Tú tampoco lo sabes? –dijo mirando al infinito- entonces…. pensaba…. pensaba que… por fin… había conseguido alcanzar a alguien del staff, siempre les veo al otro lado del pasillo... y cuando consigo llegar hasta allí han desaparecido y todas estas habitaciones vacías y ese modo misterioso de aparecer el carrito de la comida y todas las mañanas las toallas limpias y ... ¿quién cuida del gato? Necesito hablar con el responsable de este lugar, porque lo he intentado, lo.. lo he… lo he intentado… pero no encuentro la salida por ningún lugar… es como si todas las puertas condujeran al mismo punto… es de locos… necesito salir de aquí… tengo que salir de aquí antes de volverme loco….
“Demasiado tarde”, pensó, “estás como una puta regadera”.
- Vale, vale, empecemos por el principio. ¿Qué es este sitio?
- ¡¡No lo sé!! –dijo sollozando
- A ver, por partes, ¿cuánto tiempo llevas aquí?
- Pues…. –empezó a dar vueltas por la habitación- ¿a qué estamos hoy? ¿martes?
- Viernes
- ¡Jesús! ¿Viernes? Vaya, pensaba que era martes, entonces llevo aquí… llegué un sábado…. No, espera, llegué después de la fiesta de Chonchi, y eso debió ser… por lo menos un domingo por la mañana… luego estuve contando las noches, por lo menos hasta 10… y luego me tomé aquellas pastillas que había en la mesilla y no sé cuanto dormí….
- ¿Ni aproximadamente?
- ¡No! –dijo hundiéndose en el sillón.
- Vale, tranquilo –dijo asomándose al pasillo- y ¿dices que no has conseguido hablar con nadie en todo este tiempo?
- Con nadie –y rompió a llorar- no hay nadie ni teléfonos ni ventanas exteriores… sólo las de los patios y la piscina… no hay puerta de salida ni de entrada….
- Pero alguien tiene que haber, está todo muy limpio, y dices que siempre hay comida y toallas limpias…
- Y sábanas, pero nunca he visto a nadie a menos de 15 metros.
- Espera, el móvil….
- No te esfuerces, no hay cobertura
- Venga ya, esto es una broma, ¿no?… ¿Dónde está la cámara oculta?
Le miró incrédulo durante unos instantes y acto seguido estalló en carcajadas. No era en absoluto una risa agradable, de hecho rondaba más la histeria que una conducta mentalmente sana. Entonces cayó en la cuenta.
- Un momento, si no has conseguido hablar con nadie…. ¿con quién jugabas al backgamon?
- No lo sé.
- ¿No lo sabes?
- Un día apareció ahí, tiré los dados y moví, pero claro, no había contrincante. Me fui a explorar el lugar, y cuando volví todo seguía igual pero… a la mañana siguiente los dados habían cambiado y alguien había movido las blancas… Y así llevamos días: lanzo los dados, muevo y al día siguiente alguien ha hecho lo mismo con las blancas… varias noches he intentado mantenerme despierto para descubrir a mi contrincante, pero no hay modo, siempre acabo cayendo en algún momento y cuando despierto ya está… ha movido…. No sabes la ansiedad que me provoca esta situación… Oye, ¿no tienes hambre?
- Es coña, ¿no?
- ¿Coña? No cielo, es que la ansiedad me da hambre... y gente no hay, pero el bufé es excelente.... y el bar está bien pertrechado…. y tienen un Chivas Regal reserva…. espectacular.
Genial, encerrado con una loca visionaria y alcoholizada... si aquel sitio no tenía salida, habría que fabricarla.
- ¿Cómo?
- ¿Que dónde estoy? ¿qué hago aquí? Y, sobre todo, ¿dónde está la salida?
De pronto Rappel palideció, algo en su gesto le hizo presagiar malas noticias.
- ¿Tú tampoco lo sabes? –dijo mirando al infinito- entonces…. pensaba…. pensaba que… por fin… había conseguido alcanzar a alguien del staff, siempre les veo al otro lado del pasillo... y cuando consigo llegar hasta allí han desaparecido y todas estas habitaciones vacías y ese modo misterioso de aparecer el carrito de la comida y todas las mañanas las toallas limpias y ... ¿quién cuida del gato? Necesito hablar con el responsable de este lugar, porque lo he intentado, lo.. lo he… lo he intentado… pero no encuentro la salida por ningún lugar… es como si todas las puertas condujeran al mismo punto… es de locos… necesito salir de aquí… tengo que salir de aquí antes de volverme loco….
“Demasiado tarde”, pensó, “estás como una puta regadera”.
- Vale, vale, empecemos por el principio. ¿Qué es este sitio?
- ¡¡No lo sé!! –dijo sollozando
- A ver, por partes, ¿cuánto tiempo llevas aquí?
- Pues…. –empezó a dar vueltas por la habitación- ¿a qué estamos hoy? ¿martes?
- Viernes
- ¡Jesús! ¿Viernes? Vaya, pensaba que era martes, entonces llevo aquí… llegué un sábado…. No, espera, llegué después de la fiesta de Chonchi, y eso debió ser… por lo menos un domingo por la mañana… luego estuve contando las noches, por lo menos hasta 10… y luego me tomé aquellas pastillas que había en la mesilla y no sé cuanto dormí….
- ¿Ni aproximadamente?
- ¡No! –dijo hundiéndose en el sillón.
- Vale, tranquilo –dijo asomándose al pasillo- y ¿dices que no has conseguido hablar con nadie en todo este tiempo?
- Con nadie –y rompió a llorar- no hay nadie ni teléfonos ni ventanas exteriores… sólo las de los patios y la piscina… no hay puerta de salida ni de entrada….
- Pero alguien tiene que haber, está todo muy limpio, y dices que siempre hay comida y toallas limpias…
- Y sábanas, pero nunca he visto a nadie a menos de 15 metros.
- Espera, el móvil….
- No te esfuerces, no hay cobertura
- Venga ya, esto es una broma, ¿no?… ¿Dónde está la cámara oculta?
Le miró incrédulo durante unos instantes y acto seguido estalló en carcajadas. No era en absoluto una risa agradable, de hecho rondaba más la histeria que una conducta mentalmente sana. Entonces cayó en la cuenta.
- Un momento, si no has conseguido hablar con nadie…. ¿con quién jugabas al backgamon?
- No lo sé.
- ¿No lo sabes?
- Un día apareció ahí, tiré los dados y moví, pero claro, no había contrincante. Me fui a explorar el lugar, y cuando volví todo seguía igual pero… a la mañana siguiente los dados habían cambiado y alguien había movido las blancas… Y así llevamos días: lanzo los dados, muevo y al día siguiente alguien ha hecho lo mismo con las blancas… varias noches he intentado mantenerme despierto para descubrir a mi contrincante, pero no hay modo, siempre acabo cayendo en algún momento y cuando despierto ya está… ha movido…. No sabes la ansiedad que me provoca esta situación… Oye, ¿no tienes hambre?
- Es coña, ¿no?
- ¿Coña? No cielo, es que la ansiedad me da hambre... y gente no hay, pero el bufé es excelente.... y el bar está bien pertrechado…. y tienen un Chivas Regal reserva…. espectacular.
Genial, encerrado con una loca visionaria y alcoholizada... si aquel sitio no tenía salida, habría que fabricarla.
sábado, 20 de septiembre de 2008
CAPÍTULO I (2)
- Joder, ¡cómo me alegro de encontrar a alguien!
Aquella... cosa plateada, se había abalanzado sobre mi cual descontrolada fan histérica de los Backstreet Boys que, habiendo percibido cómo Nick Carter le guiñaba un ojo a ella entre las más de cuarenta mil entregadas adolescentes que abarrotaban el estadio, me prometiera su amor eterno e incondicional.
Aún atónito, pude observar mejor a aquel individuo que me apresaba entre sus besos y abrazos. La purpurina de su túnica plateada reflejaba ahora la oscilante luz de la lámpara de lava que iluminaba la habitación, una luz roja, a medio camino entre la de un cuarto oscuro de revelado y la de un club de alterne de los años 70. Sin embargo, ésta era muy amplia, de tal forma que no daba ninguna pista sobre la figura que se escondía debajo, amén de provocar catalépticas oleadas de destellos rojos cada vez que me aplicaba una de sus llaves fraterno-amorosas.
Sólo cuando pude ver las estrambóticas gafas que ocultaban parcialmente su rostro lo tuve claro. Cristales grandes… enormes, cuadrados, con sus vértices redondeados. La montura de pasta, con un estampado de leopardo, se abría paso desde sus orejas hasta la base inferior de los cristales….. ¡Vamos, no me jodas!
- ¿Rappel?
- Sniff… Sí
En ese instante lo noté. Algo duro se frotaba juguetonamente contra mis partes pudentas a través de una orgía de centelleantes reflejos rojos. Horrorizado por la imagen que se acababa de formar en mi cabeza, logré zafarme de mi captor y de un salto me situé a dos metros de distancia, retrocediendo inmediatamente un par más a trompicones desesperados.
- Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh….. NO. De eso ni hablar colega, vamos a respetarnos…. ¡Vamos a respetarnos!
- ¿Cómo?
Su cara reflejaba incredulidad y desesperación, como si de un recién nacido al que destetan cuando todavía no se ha saciado se tratara.
- Mantén tu juguetito apartado de mi ¿vale? No sé qué está pasando aquí, ni siquiera sé dónde estamos, pero te lo advierto, como no controles a tu amigo el cíclope…
Puede que fuera porque me entendió, o puede que fuera porque al rictus de mi cara, que reflejaba ira y ganas de vomitar a partes iguales, lo acompañara un gesto acusador de mi dedo índice hacia donde debían estar sus genitales. La cuestión es que su gesto cambió, una simpática sonrisa se dibujó bajo sus enormes gafas, y agachando la cabeza, se puso a rebuscar entre los pliegues de su túnica, como tratando de encontrar algo importante.
- Tú te refieres a esto.
De entre centenares de luciérnagas rojas, y a la altura de su entrepierna, sacó lo que parecía una esfera de cristal reluciente. Tendría el tamaño de un puño cerrado.
- Es mi bola de cristal portátil (sonrió ampliamente). Le tengo mucho cariño ¿sabes? La llevo siempre junto a mi corazón.
Aquella... cosa plateada, se había abalanzado sobre mi cual descontrolada fan histérica de los Backstreet Boys que, habiendo percibido cómo Nick Carter le guiñaba un ojo a ella entre las más de cuarenta mil entregadas adolescentes que abarrotaban el estadio, me prometiera su amor eterno e incondicional.
Aún atónito, pude observar mejor a aquel individuo que me apresaba entre sus besos y abrazos. La purpurina de su túnica plateada reflejaba ahora la oscilante luz de la lámpara de lava que iluminaba la habitación, una luz roja, a medio camino entre la de un cuarto oscuro de revelado y la de un club de alterne de los años 70. Sin embargo, ésta era muy amplia, de tal forma que no daba ninguna pista sobre la figura que se escondía debajo, amén de provocar catalépticas oleadas de destellos rojos cada vez que me aplicaba una de sus llaves fraterno-amorosas.
Sólo cuando pude ver las estrambóticas gafas que ocultaban parcialmente su rostro lo tuve claro. Cristales grandes… enormes, cuadrados, con sus vértices redondeados. La montura de pasta, con un estampado de leopardo, se abría paso desde sus orejas hasta la base inferior de los cristales….. ¡Vamos, no me jodas!
- ¿Rappel?
- Sniff… Sí
En ese instante lo noté. Algo duro se frotaba juguetonamente contra mis partes pudentas a través de una orgía de centelleantes reflejos rojos. Horrorizado por la imagen que se acababa de formar en mi cabeza, logré zafarme de mi captor y de un salto me situé a dos metros de distancia, retrocediendo inmediatamente un par más a trompicones desesperados.
- Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh….. NO. De eso ni hablar colega, vamos a respetarnos…. ¡Vamos a respetarnos!
- ¿Cómo?
Su cara reflejaba incredulidad y desesperación, como si de un recién nacido al que destetan cuando todavía no se ha saciado se tratara.
- Mantén tu juguetito apartado de mi ¿vale? No sé qué está pasando aquí, ni siquiera sé dónde estamos, pero te lo advierto, como no controles a tu amigo el cíclope…
Puede que fuera porque me entendió, o puede que fuera porque al rictus de mi cara, que reflejaba ira y ganas de vomitar a partes iguales, lo acompañara un gesto acusador de mi dedo índice hacia donde debían estar sus genitales. La cuestión es que su gesto cambió, una simpática sonrisa se dibujó bajo sus enormes gafas, y agachando la cabeza, se puso a rebuscar entre los pliegues de su túnica, como tratando de encontrar algo importante.
- Tú te refieres a esto.
De entre centenares de luciérnagas rojas, y a la altura de su entrepierna, sacó lo que parecía una esfera de cristal reluciente. Tendría el tamaño de un puño cerrado.
- Es mi bola de cristal portátil (sonrió ampliamente). Le tengo mucho cariño ¿sabes? La llevo siempre junto a mi corazón.
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